sábado, 28 de diciembre de 2013

PRIMER PREMIO CUENTO CASTELLANO - DESALMADO


PRIMER PREMIO CUENTO CASTELLANO - DESALMADO
MARIA ESTHER YATTAL - VENADO TUERTO -SANTA FE

DESALMADO.

Cuando apareció dando altas voces por los parlantes, el pueblo entero estaba hundido en el sopor de la siesta.
Todos dormitaban la tranquilidad del sueño sin ser molestados. Los niños habían inventado un lenguaje silencioso y con tanta soltura que ni las risas estorbaban. Hasta los fantasmas se perdían entre dèdalos de fantasía por el temor a cortar los sueños ajenos, y volvían a sus paseos rutinarios cuando el sol andaba con sus luces por otros mundos.
Al principio tuvieron la sensación de un zumbido en los oídos, después se convirtió en un alarido que no pudieron apagar, y al segundo que siguió supieron que un intruso les había robado el tesoro mas preciado, la siesta del domingo.
El llegó en un carricoche armado con pedazos de coche antiguo, un motor que daba zumbidos y saltos inesperados hacia delante debido a una pieza mal colocada, a esto le había agregado la parte trasera de un colectivo en desuso y luego pintura de colores sorprendentes. Estaba fileteado como los camiones de verdulero y reunido allí todo el cielo, nubes, estrellas y coronado por los ángeles mas inocentes y sonrientes que cualquier mente humana pudiera imaginar, con un gran letrero donde se podía leer “COMPRO ALMAS, PAGO EL MEJOR PRECIO” Adentro, la caja metálica tapizada de azul, piso, paredes y techo, tenia estanterías muy ordenadas conteniendo cajones pequeños, todos iguales, que eran los recipientes que albergaban las almas, y en el frente una chapa de bronce grabada a fuego con los datos terrenales del vendedor.
Los niños se acercaron primero, con esa inocencia y curiosidad fácil, rodeando el camión, mas tarde comenzaron a conversar como si se conocieran desde siempre, y así fue como la curiosidad en los adultos aumentó y con la excusa de regresar a los niños hacia la casa también ellos comenzaron a acercarse.
Remigio, el hombre más hostil del pueblo, quiso conocer los detalles del tumulto que estaba causando el extraño recién llegado. Habló con él animadamente ante la sorpresa de los demás, y dedujo que podía seguir viviendo sin su alma, ya que no tenia idea de cómo era, nunca lo había molestado, y si es que tenia una, era de lo mas insulsa, silenciosa e invisible, por lo tanto podría seguir viviendo sin ella, entonces decidió venderla, arreglaron en un dinero que guardó ávidamente en el bolsillo y se alejo sonriendo.  
                 Con la sonrisa satisfecha de Remigio se terminaron los recelos y de a uno fueron formando fila. Fue la fila más prolija y extraña que alguna vez vio el pueblo, y lentamente dieron la vuelta a la plaza, hasta que quedó cercada por un cordón humano, cada uno esperando su turno. El precio se establecía por normas entre el equivalente de: sueños alcanzados, amores encontrados, odios sepultados, y una infinidad de argumentos impensados. Así fue que a partir de una siesta destruida, ese domingo once de abril fue una experiencia desbordante de risas, ruidos, incertidumbre y conversaciones inesperadas.
Un soplo de aire rápido paso y se sentó a esperar en el cruce de calles de la salida del pueblo cuando ya comenzaba a oscurecer y tampoco quedaban vendedores.
Cerró las compuertas del camión y dio arranque al motor. Desapareció con la misma música de ángeles cantores con que apareció, las ruedas apenas rozando la tierra o así parecía. Esa noche el pueblo entero juró ver dos lunas alumbrando el gran cuadro celeste en las alturas.       ¿O seria un sueño?
Y despertaron absolutamente descansados por primera vez, desde toda la vida.
Durante la mañana descubrieron que en el cartel de entrada donde con orgullo resaltaba el nombre del pueblo una mano ignota había agregado:  “DESALMADO, un pueblo sin almas”
Para quitar las dudas por si otro comprador aparecía por allí, queriendo llevar fulgores de lunas dormidos en cajones.                                                                         1

SEGUNDO PREMIO CUENTO CASTELLANO-- EL HALLAZGO


SEGUNDO PREMIO CUENTO CASTELLANO - EL HALLAZGO
 ISABEL PASCERI DE LUQUE - BUENOS AIRES.


                                      EL HALLAZGO


Hacía varios años que no visitaba mi pueblo, por lo que una vez que todos mis parientes y amigos pasaron por la casa de mis padres a saludarme, decidí tomar mi cámara fotográfica  y solita me largué por las calles del pueblo a tomar algunas fotos.

Deseaba abrazar los árboles de la plaza, saludar la “fontana” y volver a sentirme niña recordando… Habían sido reemplazados  los árboles por otros mucho mas delgados. La fontana,  me  miraba con un poco de pudor, como si lo que le había sucedido fuese culpa de ella. Estaba bastante deteriorada y manchada de oxido, lo cual no impidió que me acercara a ella, y emocionada mis labios depositaron un afectuoso beso en sus labios de acero.
El río Scorzone, que dividía el pueblo en dos,  con sus gorgogeos, me contó todo lo que había pasado durante mi ausencia.
Cada callecita me recordaba algo de mi infancia. Algunas habían cambiado.
En la calle principal se habían instalado varios negocios con pretensión de “Shopping” pero en realidad las calles que me producían una cierta emoción eran las que seguían manteniendo las casas bajas y los añosos árboles de acacia, que en primavera cuando florecían, inundaban todo el barrio con su exquisito perfume.

Ese día había mucha humedad y los adoquines de la calle se encontraban mojados.
De repente veo algo en el suelo, algo que había sido pisado y embarrado. Hice el ademán de agacharme y levantar esa especie de figurita, pero me detuve ¿para que quiero una figurita toda sucia pensé? Pero algo similar a una fuerza oculta me impulsaba a levantarla y así lo hice. Elegí el momento que nadie me miraba y rápidamente la levanto, era una pequeña figurita en cuero repujado. La limpié con el dorso de la mano y vaya sorpresa……Lo que yo tenia en mis manos, allí en un pequeño pueblo del sur de Italia, era nada menos que una imagen de Martín Fierro.

Me embargó una gran emoción, ya que seguramente en ese pueblo nadie conocía ese personaje, pero yo me sentía como la capitana vencedora de una batalla gaucha.

Apoyé sobre mi pecho la imagen y mirando a metros de donde yo estaba, apoyado a un árbol, alguien me sonreía con benevolencia y gratitud. Complacida le devolví la sonrisa a Don José Hernandez.

TERCER PREMIO, CUENTO CASTELLANO- LA PENA NEGRA

TERCER PREMIO CUETNO CASTELLANO- LA PENA NEGRA
JUAN CARLOS CIA - CORDOBA

La pena negra

Llenó su valija de cartón sin lágrimas. Miró por última vez a su terruño sin lágrimas. Saludó a los amigos del pueblo sin lágrimas. Apretó contra su pecho a ese chico rubio con los ojos apenas brillantes. Decidió que no debía aguar el sueño de los demás. Apretó los labios y  aguardó con resignación la partida.
No podía tolerar el dolor que le provocaba escapar, aunque fuera de la miseria. Sus doce años eran muy pocos para aceptar el adiós definitivo a todo lo vivido. Dejar el Piamonte, enfrentar el océano, a cambio de poseer la tierra. Ver brotar trigales, tener nueva casa, todo eso no era suficiente. El precio a pagar era muy alto, borrar afectos, silenciar palabras amigas, olvidar a aquel chico rubio que recibió la noticia con los párpados húmedos. Un precio demasiado alto.
Los hermanos, todos varones, comprendían la importancia del pan seguro en la mesa. A ella no le importaba la escasez, los zapatos remendados, la ropa zurcida. La certeza del hambre en sus montañas a la incertidumbre de posibles manjares en inviernos desconocidos. El futuro allí había muerto antes de nacer. Las decisiones eran cosas de hombres y su padre ya las había tomado. Partir en busca de nuevos horizontes era lo mejor para todos.  Su madre, con un hijo que se movía en el vientre, consentía sin reproches y en silencio. Como lo debía hacer una mujer decente. Con el corazón quebrado y la garganta cerrada esperaba la noche para mojar su almohada sin testigos.
La visión del puerto de Génova quedó grabada en su corazón, era la última imagen real que la unía a su pasado. La imagen que la hacía soñar con un retorno posible.  Necesitaba aferrarse a la idea de volver. De allí en adelante todo sería una desolada ausencia.
El viaje se hizo eterno sobre ese infinito azul que no acepta huellas. Los inmigrantes iban en lo más profundo del barco, en un gran amasijo de pobreza y ganas de dar hasta la vida en otro suelo más generoso. Y de tantas ganas de dar la vida, su madre la dió en el parto. No llegó a ver el nuevo paisaje. Lo suyo fue un peregrinar lento y amargo dentro de las entrañas de metal, en una caja de madera rumbo a la nada.
Y quedó sola. Sola de soledad absoluta. La única mujer en una familia de hombres duros. Como madre postiza de un crío que extrañaba la carne que lo había cobijado.
 Con extrañeza vio como cambiaba el color del agua y se hacía cada vez más terroso. Miraba con desconfianza a ese nuevo mar oscuro y sucio que era el Río de la Plata. Había que descender a la patria nueva. Comenzó a caminar el tablón de planchada con lentitud. Tal vez la casualidad actuó para hacer necesario que volviera al buque. Esa casualidad que parece formar parte de la rueda de la fortuna. Había olvidado la manta que tejieron para el retoño nacido de la desgracia. Tuvo la excusa para regresar, aunque sea un instante, a esa inmunda oscuridad donde había perdido lo más querido, el eslabón que la unía a un ayer feliz. El recuerdo de ese momento atroz hizo que la realidad

 apretara su pecho sin abandonarlo más. Un futuro solitario le mostró su cara cruel de luto eterno.
La pena se hizo más negra.
 Envolvió a su hermano con la pañoleta y bajó a tierra. Mientras todos esperaban dolientes al cajón de la muerta, caminó hasta la punta de la dársena. Miró hacia abajo. La superficie marrón, quieta y sin espuma, se le hizo como de chocolate. El color de una infancia que desaparecía con violencia y se perdía en la memoria. Cuando el corazón titubea, los pies se equivocan. Dio un paso más, y fue el definitivo.
Los recibieron las aguas tibias. Los hamacaron con el mismo vaivén constante conque se mece una cuna. Abrazó al niño y se dejó llevar sin luchar.  No prestó atención al llamado y a los gritos desesperados de su gente. Sólo ansiaba hundirse en lo profundo. Que el mar comprendiera que debía devolverla al puerto italiano. Ceñidos en la blanca mantilla, los colores huyeron de sus rostros, hasta ser tan pálidos como el tejido que los envolvía. Sus ojos azules, en un gesto de asombro, se abrieron muy grandes y el mensaje de esa última mirada que ya no miraba, pasó a formar parte de los secretos que esconde el cieno pegajoso de ese río pardo. 

PRIMERA MENCION CUENTO CASTELLANO- MISION

    PRIMERA MENCION CUENTO CASTELLANO-- MISION
CRISTINA NOGUERA- PERGAMINO                                   


             MISION


     Ellos llegaron el día programado a ese planeta extraño. Sabían que el lugar era turbulento y enardecido por la violencia. Los tripulantes bajaron de la nave espacial a la hora establecida. Llevaban una misión importante que debían cumplir estrictamente. El ejercito de ayuda estaba formado por mil  soldados. Cada grupo de diez debía recorrer zonas diferentes, guiados por mapas del lugar que ellos llevaban en sus maletines. El aterrizaje fue a un tiempo determinado por los rayos del sol. Los integrantes  de esa extraña nave portaban grandes banderas y en sus trajes leyendas  con instrucciones del trabajo que debían cumplir. Todo se realizó con  exactitud. Su única función era llevar paz a ese lugar del universo.  
    
    Los tripulantes  comenzaron a caminar. Solo había soledad y  una total ausencia de sonidos. Horas y horas transitando, por espacios desconocidos y desolados. El silencio del lugar les llamó la atención porque estaban informados que escucharían  gritos, sirenas,  quejidos, bombas y explosiones. El paisaje silente mostraba una quietud extraña. El aroma que se sentía era acido y nauseabundo. El cielo era de un color gris apagado. Los ríos estaban  secos y mostraban una aridez espantosa. El ejército de ayuda caminó mucho tiempo por pasillos asfaltados y no vieron hombres, ni animales.  En las plazas, en los campos solo encontraron elementos abandonados. No existía vegetación. La tierra  era negra casi carbón. Las rocas de las montañas se desgranaban por la inmensa sequía. Solamente quedaban resabios de objetos. Estos lucían silenciosos y fantasmales. Parecían mausoleos siniestros. Uno y otro mostraban  una inutilidad enorme. Eran edificios, monumentos, cajeros automáticos, automóviles, aviones, carteles, herramientas  y tantas cosas que habían creado esos seres  que ya no existían.






Parecía no haber habitantes en el lugar. El sigiloso escenario  mostraba una orfandad de seres. A lo largo de la evolución la extinción de las especies había sido una constante. El ritmo de depredación había aumentado dramáticamente. Los hombres  habían destruido todo y se habían autodestruido.  
  

     Los distintos grupos de búsqueda se encontraron en un lugar establecido y en un tiempo que habían fijado en el momento del aterrizaje. Uno de los  grupos de salvataje, de los cien que recorrieron ese lugar, tuvo la suerte de encontrar a dos seres con vida, un macho y una hembra. Algo había para hacer. Aun quedaba tiempo. No estaba todo perdido.

SEGUNDA MENCION - CUENTO CASTELLANO- UNA ESTRELLA FUGAZ EN INVIERNO

SEGUNDA MENCION
UNA ESTRELLA FUGAZ EN INVIERNO
ROBERTO PARRA IRIATE - CHILE



Era una mañana de Agosto, una sensación de frío nos recordaba, que el invierno llego fuerte ese año. Había una actividad recreativa, no acostumbro ir mucho por tiempo o trabajo, pero como otros amigos dijeron que participarían, decidí asistir… Fuimos los primeros en llegar, nos inscribimos, hasta ese momento dos perfectos desconocidos, tu te sentaste y yo de pie, quizás fue una mirada, un gesto, el sentir que los dos éramos extraños en un lugar, que era familiar para nosotros, pero que en ese momento, tuvo otro sentido, ya que, aunque las otras personas que estaban, eran los encargados de la actividad y nosotros los participantes, fue como si se hubiera creado un abismo entre nosotros y ellos. Un primer saludo, sentarme a tu lado, decir una frase no pensada, romper el hielo, y con ese temor subconsciente de si aceptará que me integre, en su burbuja sagrada, ese espacio que generamos como una especie de barrera, de no querer estar con otros, pero necesitamos estar con otros. Se venció el miedo, un primer paso,  se dio la apertura  y empezar a conversar.  Las palabras comenzaron a fluir, como aquella chimenea, que comienza suavemente a calentar un rincón del hogar en tiempo invernal.  Mientras llegaban otros participantes y nosotros seguíamos conversando, teníamos ese momento mágico, y no importaba que los fotógrafos del evento, anduvieran  capturando estampas de la vida díaria, tratando de encontrar el momento oportuno para esa, la mejor foto. Quizás en algún álbum, estaremos los dos, y cuando otras personas vean estas fotos, que historias, se contaran, algunos dirán  llegaron juntos,.. estuvieron conversando, a lo mejor son parejas. En un universo paralelo nuestra foto será el alma de personajes de algún cuento de amor.  

Ajeno a esos detalles externos, Tú y Yo continuábamos  conversando y de a poco tejiendo una tela de araña, con nuestros  nexos comunes, hablar de profesiones, gustos, personas conocidas, éramos de la misma ciudad…yo viviendo en ella y tú disfrutando de unas pequeñas vacaciones. …… ya no éramos distantes, nos dijimos nuestros nombres… y seguían llegando participantes, algunos conocidos y te presentaba con ellos, como si fuéramos grandes amigos….y así pasaban los minutos, teníamos ese breve tiempo y había que vivirlo, era tan efímero, pero era una fortaleza para nosotros.


Esa mañana de invierno ya no parecía tan fría, entre nosotros estaba la primavera, acercando historias, construyendo sentimientos, haciendo que no nos preocupásemos de lo que qué ocurría, en nuestro contorno,  era como si el tiempo hubiera decido ir mas lento para nosotros, hasta que llegó la señal de que empezaría la actividad. Nos movimos, comenzamos ese proceso por el cual acudimos, quizás era un momento de continuar en nuestra conversación aislados de los demás, marginarnos de la actividad, disfrutando del momento que se nos había entregado.

De repente ya no nos vimos, tomamos senderos diferentes, y algo nos hacia pensar, que el tiempo pasaría rápido, para reunirnos al final de la actividad. Yo sabia, por lo que habíamos conversado, que tu ese mismo día tenias que viajar fuera de la ciudad, y volverías en unos meses mas, así que era importante el poder despedirnos para encontrarnos más adelante y poder intercambiar alguna dirección o un numero telefónico. Pero no se pudo concretar, el estar contigo, fue como ver el paso de una estrella fugaz, ocurre en un momento específico, no se planifica, uno puede estar viendo el cielo y pasa esa estrella, con un rumbo desconocido. Una vez alguien menciono que una estrella fugaz, es el alma buena de una persona que va al cielo, ¿será así? Cuando pasa una estrella, algunos dicen… “cierra los ojos y pide un deseo, pero no lo digas para que se cumpla”   ….habrá algo de cierto…he visto estrellas pasar, y no me acuerdo si alguna vez, mi deseo, fue el de conocer a  una persona especial……si fue así, fue esta la oportunidad o eras tu una estrella fugaz, que llego a mi, para cumplir con un deseo particular, o quizás tu como estrella querías probar, lo que muchos el ver tu pasar, te piden, antes que termines tu camino celestial.


Cuando camino por las noches, me fijo más, en esa gran bóveda celestial, millares de estrella brillando, con la esperanza de volver a ver otra estrella fugaz.

TERCERA MENCION, NOBLE AURORA


TERCERA MENCION, CUENTO CASTELLANO
NOBLE AURORA
SALVADOR ROBLES MIRAS. -ESPAÑA


Noble, el perro labrador de la niña Aurora, envuelto en una toquilla azul de encaje, fue enterrado en el huerto de la vivienda familiar, bajo la sombra de un almendro, horas después de ser atropellado por una furgoneta cuando cruzaba la calle persiguiendo la pelotita de goma que, con escasa prudencia, le había lanzado su dueña. 
A la semana, un fino manto verde cubría la tierra bajo la que descansaban los restos del animal.
            Mientras tanto, la pena de la niña, quien se sentía culpable de la muerte de Noble, lejos de remitir con el paso de los días, se incrementó hasta los límites del infinito.  
Los padres de Aurora, consternados al principio y preocupadísimos poco después, en vista de que, transcurridas dos semanas desde el atropello, la niña, abismada en una profunda melancolía, no daba síntomas de recuperación, decidieron acudir a la consulta del prestigioso psicólogo infantil Bartolomé Fuentes. Éste, con un discurso plagado de tecnicismos y vocablos ampulosos, les vino a decir a los atribulados progenitores que se armaran de paciencia unas semanas más.
            -Cada cosa a su tiempo –sentenció el psicólogo, recurriendo por primera vez a unas palabras inequívocamente inteligibles-. El período de duelo varía en cada persona, con mayor motivo en el caso de una niña de siete años. 
            -Y si su estado de ánimo no mejorase en pongamos que otros quince días, ¿qué podríamos hacer? –inquirió la madre, presa de la ansiedad.
            -Si, para entonces, su hija no ha salido del marasmo, implementaremos unas medidas ‘ad hoc’. 
            -¿Implementaremos? ¿Marasmo?
-Pondremos en práctica un tratamiento apropiado para combatir la tristeza pertinaz  de la pequeña –tradujo el psicólogo.
-Ah, sí, un tratamiento para la tristeza… Y ese algo, ¿qué será?
            -Recurriremos a la terapia.
            -Pobrecita. Sólo es una niña.
            -Señora, la terapia se fundamentará en la muestra de unos iconos disímiles acompañados de los pertinentes mensajes susceptibles de deshacer  el nudo de la aflicción. No se preocupe. Una cosa sencilla.
            -¿Y si le compráramos otro perro? –preguntó de repente el padre,  quien  hasta ese momento había permanecido mudo, con la barbilla hundida en el pecho, quizá noqueado por el torrente de vocablos rimbombantes expelidos por el terapeuta. 
            A Bartolomé Fuentes le centellearon los ojos, como si el progenitor de la niña le hubiese revelado la solución de un complejo acertijo psicológico.
            -¡Genial!  Ha dado usted en la diana. Cómprenle otro cachorro. A veces, las obviedades se nos escapan por entre los intersticios que dejan los acoplamientos sinápticos mientras nos engolfamos en trascendentales reflexiones, como ha sido mi caso.
            Cuando el hombre y la mujer llegaron a casa y le plantearon a su hija la posibilidad de adquirir otro perro, a Aurora no le hizo ni pizca de gracia la sugerencia, más bien le disgustó.
            -Sólo quiero a Noble.
            Descartada temporalmente la opción del otro chucho, los padres confiaron en que el paso de los días devolviera a la niña la alegría perdida, y, así, no tuvieran que
 someterla, a sus  pocos años, a una psicoterapia que, pese a las palabras del doctor Fuentes o precisamente a causa de ellas, les producía bastante aprensión.
            Una mañana, un mes después del accidente, en su visita diaria a Noble, a la niña se le ocurrió súbitamente arrancar algunas de las briznas de hierba que crecían sobre la tumba del animal y pegarlas en una lámina siguiendo los contornos de uno de los muchos dibujos que había hecho del difunto perro. Cuando contempló la figura con unos ojos preñados de amor, Aurora sintió que la esencia de Noble se encontraba esparcida por la cartulina, y que, por lo tanto, a partir de ese momento, el animal no yacería exclusivamente bajo las raíces del almendro; una parte de él iría con ella a casi todos sitios, lejos de la oscuridad de las entrañas terrestres.
            La niña, orgullosa de su sublime obra, entró en el salón de casa  enarbolando la lámina como si se tratara del estandarte de la familia.
-¿Qué veis aquí? –les preguntó a sus padres.
            -Unos hierbajos que representan la silueta de un perro –dijo la madre.
            -Es Noble y está dibujado con las mismas hierbas que crecen sobre su tumba.
            -¿Noble, éste? –preguntó irónicamente el padre mientras examinaba con indisimulado desdén la figura que campeaba en el papel.
            -Pues claro que es Noble –intervino la madre mientras propinaba un leve puntapié a su marido-. Parece mentira que no lo hayas reconocido, Santiago.
            -Deja que lo vea de nuevo –el padre se restregó los ojos, y simuló fijarse con más detenimiento en la imagen-.  Si no lo veo, no lo creo. ¡Es el vivo retrato de nuestro Noble!
            -¡Sí, lo es! –repitió la niña mientras salía del salón dando brincos.
Aquella noche, persuadida de que el perro velaría su descanso, Aurora colocó con sumo cuidado el dibujo de Noble debajo de la almohada de la cama.
Acunada durante el sueño por una dulce nana canina, fue la primera vez en las últimas semanas que la niña durmió de un tirón. Soñó con un angelito de cuatro patas que correteaba, sin sobrepasar las lindes del patio, tras la pelotita de goma que le arrojaba con muchísima cautela su dueña.
Cuando la luz del alba barrió las sombras de la habitación, a las siete de la mañana, unos lengüetazos en la cara y unos tímidos ladridos despertaron de sopetón a Aurora. Sobre el pecho tenía a un perro, otro perro, muy parecido a su añorado Noble, que la miraba con unos ojos preñados de ternura. La pequeña lo estrechó contra el pecho y lo cubrió de besos.
-¡Buenos días, mamá! –saludó la niña, al cabo de unos pocos minutos,  irrumpiendo en la cocina con el animalillo entre los brazos.
-Guau –ladró Noble Segundo.  
            -¿De dónde ha salido ese chucho? –preguntó la madre, soltando de la impresión la magdalena remojada en café con leche que dirigía hacia su boca.           
-Del sueño –respondió Aurora mientras Noble Segundo le lamía los ojos.



CUARTA MENCION - EL CASO DEL DIARIO PERDIDO


CUARTA MENCION. EL CASO DEL DIARIO PERDIDO
DANIELA DELFINA RODRIGUEZ LARDENT.- RAMOS MEJIA

EL CASO DEL DIARIO PERDIDO.rtf