sábado, 31 de julio de 2021

Seleccionada de Honor relato cuento- Susana Marisa Bellucci .- El veredicto

 EL VEREDICTO

Ruperto Miranda deshojaba la margarita…la “amargarita”, la amarga margarita.

Me quiere, no me quiere…

Otras veces comenzaba  “no me quiere, me quiere”. Pero indefectiblemente siempre terminaba con un “no me quiere”.

Había comprado margaritas en todas las floristerías de la ciudad y siempre el veredicto era el mismo. No lo quería.

Compró semillas importadas de Holanda, las sembró. Cuando cortó la primera que floreció, abriendo su pequeño botón apelmazado, la emoción no le cabía en el cuerpo. Seguro que ésta a la que había criado con tanto amor, torcería su destino sentimental.

Me quiere, si, no, si, no…No. Traidora! Tuvo un ataque de furia, tomó raudamente la pala y destrozó el jardín. Allí quedaron los cadáveres desparramados de las tristes emisarias del no.

Ante la desesperación, comenzó a deshojar libros.

Ruperto Miranda era profesor de literatura y tenía una vasta biblioteca que había atesorado durante más de 20 años.

No tenía sentido hacer cálculos según tuvieran los libros un número par o impar de hojas, porque siempre había páginas sin numerar antes y después de los capítulos.

Y si bien estaba desesperado, no se permitía hacer trampas porque él quería la verdad, que sería lo único que le aseguraría la felicidad futura.

Comenzó con el Quijote, esperando que el espíritu cervantino y el amor por Dulcinea le dieran suerte. Pero tampoco. Siguió con los amantes de Verona, los cuales a pesar de su trágico final  no se compadecieron de él. Florentino Ariza a pesar de haber sufrido tanto por el amor de Fermina Daza, lamentándolo en el alma también le respondió No, desde “El Amor en los Tiempos del Cólera”.

La Enciclopedia Británica fue la siguiente víctima. Si la literatura no se apiadaba de él, quizás los enciclopedistas lo hicieran. Pero la ciencia es exacta y cuando es No, es No. Deshojó 1523 libros, y nunca apareció un “Si me quiere” como respuesta.

El motivo de su corazón atormentado era Magdalena Goldman, una estudiante universitaria, alumna de Ruperto Miranda. 

Desde que la vio entrar al aula magna, supo que su vida ya no sería igual. Fue como un pálpito, una revelación. Nunca deseo que fuera así, hasta incluso se resistió a sus sentimientos, pero finalmente claudicó ante lo evidente, se había enamorado.

 Él, que siempre había sido de amores fugaces, tibios y poco memorables, sucumbió ante su alumna. Como ella no mostraba ningún tipo de interés, más que el que una estudiante podía tener por lo académico, comenzó a desesperar y a recurrir a artilugios para desvelar sus sentimientos.

Fue así como comenzó con las margaritas y siguió con los libros.

Luego comenzó a hacer preguntas de cualquier tipo a los vendedores y toda persona que se cruzara en su día a día.

Eran preguntas condicionadas para que la respuesta fuera un Sí, que él tomaría como una respuesta del universo. Y para su sorpresa, la respuesta no era la esperada.

En la panadería preguntaba, mientras miraba las vitrinas llenas de hogazas:

-¿Tiene pan? 

- No señor, es todo pan de ayer.

En la mayor ferretería de la ciudad:

-¿Tiene clavos de tres pulgadas? - Cómo no iban a tener…era un Sí rotundo.

-Acaban de llevárselos a todos para la construcción de la nueva casa de los Achaval-Ordoñez. ¡Un palacete! Mañana me llegan seguramente.

Pero él no quería los clavos. Quería solo la respuesta.

Tuvo que aceptar la realidad. Magdalena Goldman no lo quería.

Era el dictamen de las margaritas, de los 1523 libros, del Quijote, de Romeo, de Julieta, de Florentino Ariza y hasta de la misma Celestina que hizo lo suyo intermediando por un Sí, pero no lo logró. También el universo encarnado en casi todos los negociantes de la zona había dicho lo suyo.

Volvió vencido  una tarde a su casa, como el soldado que regresa derrotado después de meses en el frente de batalla, triste, pero sin fuerzas para más.

El jardín era un despojo, y la habitación de la biblioteca una cueva de estanterías vacías. Se recostó en un sillón y se durmió agotado

Pero esa sensación de renuncia de perdido por perdido, luego de un sueño reparador le dio un último aliento para intentar lo que nunca había hecho: hablar con Magdalena Goldman.

 Fue entonces a la universidad y buscó en el fichero los datos de su alumna:

Dirección: Calle Aviador Franco 1329.

Y hacia allá partió. Llegó con su corazón desbocado y abrió la puerta de hierro que daba acceso al jardín. Al atravesarlo vio cientos de margaritas arrancadas que yacían marchitas con sus raíces al aire.

Tocó el timbre y apareció Magdalena Goldman con los ojos llenos de lágrimas y un libro en su mano al que le faltaban todas las hojas.

Y no necesito más respuestas.


Seleccionado de Honor Relato Cuento- Sergio Gustavo Simionato -Bloqueo de escritor

 El exitoso ensayista, poeta y novelista, Rubén Cortés, padeció toda su vida bloqueo de

escritor. El extraño fenómeno psicológico que le impedía escribir, crear, inspirarse o

siquiera parecer ocurrente, lo acompañó desde la cuna hasta la tumba, de manera

ininterrumpida. Esta infrecuente manifestación, que podría tratarse como el equivalente de

una constipación de talento, tal vez sea lo más destacado de su currículum vitae. Desde sus

amaneceres, la elección de su primera palabra, “mamá”, no parece otra cosa que la

consecuencia de ello, demostrando que lo suyo no sería romper moldes, ni la ejecución de

invenciones desmedidas.

Su éxito se edificó, más bien, sobre una puntillosa conducta enumerativa, a través de una

narración realista en primera persona y tiempo presente, que sus más álgidos detractores

destacaron como lo más cercano a la “transcripción de un diario íntimo”.

Sus obras principales, de las cuales no se enorgulleció jamás, las creó a través de sistemas

mnemotécnicos y combinaciones de fórmulas tediosas y acartonadas.

Le era imposible distinguir una buena idea propia de una frase recordada en la lectura de

algún libro de cabecera. Portador de un gran sentido de la oportunidad, siempre tuvo la

capacidad innata para que se le adjudicasen párrafos que nunca inventó, incluyendo

ovaciones que no mereció.

Una de sus más grandes y recordadas obras, “Lista del Supermercado”, provino de su musa

inspiradora: una alacena vacía. El libro mostraba una refinada prosa que no sobresalía tanto

por el contenido de sus frases sino por la textura de su letra. Su gran virtud, entonces, fue

utilizar en lugar del frío “yogures”, la frase “lácteos saborizados”, y remplazar “Limpia

vidrios” por “Líquido clarificador de superficies transparentes”, para dar algunos ejemplos.

Hombre de pocas palabras y de párrafos indigentes, Rubén Cortés nació en una familia

humilde del norte de Dominica y desde niño obtuvo los primeros indicios de su condición:

sus maestras lo puntuaban con frases del tipo “¡Muy prolijo y eficiente! Ejercita más tu

creatividad” o “Te felicito por tu esfuerzo y dedicación…se nota que te cuesta”, incluyendo

la cruel “Felicitaciones… ¡solo te falta usar las neuronitas!”. Sus primeros flirteos

románticos fueron detonantes de sus primeros versos poéticos, que contaban como

característica principal con la falta total de metáforas, y el toque crudo de la realidad:

“Qué buena estás Marta, Con tu vestido azul, Y tu cadera vistosa…Hoy no voy al club”

Luego de la nombrada, “Lista de supermercado”, llegaron dos obras de transición como

fueron “Ocurrencias fallidas” y “Poco que decir”. Esta última fue elogiada y destrozada por

la crítica en partes iguales. A favor decían: “Una obra sin fisuras, sin errores, sin titubeos,

aunque por momentos, sin mucho por decir”. Mientras sus enemigos la castigaron así:

“Cortés nos ofrece un cóctel sin argumentos, sin talento y sin alguna idea potable…eso sí,

hay que decirlo, prácticamente sin errores, ni fisuras”.

Rubén logró un hecho único en la historia de la literatura mundial. Que su círculo de

fanáticos acérrimos se compusiera exactamente de los mismos miembros que su grupo de

detractores. Los que lo elogiaban y enaltecían eran los encargados de desacreditarlo, e

incluso agredirlo física y moralmente, a la salida de sus conferencias promocionales.

Ganador de tres premios a la narrativa internacional (dos de los cuales, recibidos por error,

al compartir apellido con un exitoso dramaturgo) y dueño de galardones varios (algunos de

dudosa procedencia), ocultó recelosamente sus vitrinas a cada visitante que osara

frecuentarlo.


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En conferencias, rodeado de eruditos e ilustres, prefería destacarse por su carácter

meditabundo y observador y no tanto por su dialéctica y comentarios atildados. Elegía, en

todo caso, guardar las frases ocurrentes para utilizarlas en alguno de sus textos editables.

Ya en edad avanzada publicó, lo que a la postre sería, su último aporte a la literatura: “Sin

palabras…ayer, hoy y siempre”, donde se pudo ver lo más autocrítico del autor. En dicho

texto, Rubén se declara un fraude de las letras, afirmando que desconoce las causas de su

éxito y notoriedad, admitiendo ciertos plagios y reconociendo su falta total de talento.

En el último capítulo, desgarrador, suplica enfáticamente que se abstengan de comprar sus

obras y sobre todo de disfrutarlas.

Esta nueva faceta de Cortés no sólo no alejó a los lectores, sino que generó auténtica

empatía por su simpleza y sencillez, y catapultó su última obra a lo más alto de los rankings

de ventas. Dada esta situación, muchos de sus colegas, tal vez por envidia, se dedicaron a

difamarlo aduciendo que no había sinceridad en sus palabras sino más bien una gran

campaña ‘marketinera’. Luego de “Sin palabras…ayer, hoy y siempre” el autor se mostró

aún más callado que nunca y sólo se volvió a saber de él a través de obituarios y pésames.

Es de destacar que sus últimas y trágicas horas se correspondieron con su excelsa y

discutida carrera. Su última frase fue, y miren lo traicionero del destino, “¡Tengo una

idea!”. Su carencia de sensibilidad, percepción y su bloqueado sentido de la creación lo

llevaron a su última emboscada. Lo que tuvo en realidad no fue una idea…fue una

embolia…nunca lo supo.

Rubén Cortés dejó un mensaje para la posteridad y tal vez su mayor legado: “No hay mayor

talento en una persona, que saber reconocer la ausencia del mismo.”

No supo si le pertenecía o si le era ajena… Y no llegó a plasmarla en papel alguno…

Seleccionado de Honor Relato-cuento - Tomas Pelaia Clavado

 Título de la obra: “Clavado”

Marcos se apoyó en las rodillas y de a poco recuperó el aliento. Subió corriendo

los últimos seis tramos de escalera. Como si alguien hubiera para frenarlo.

La terraza o bien no estaba hecha del todo, o bien estaba decorada fiel al estilo

clásico de la barriada. Sin barandas. Con el culo de una botella de plástico sobre los

fierros, para evitar que la lluvia los oxidara. Algunos caños tirados. El quinteto de

baldes con el que los albañiles se hacían un living para descansar al mediodía. La cal

descuidada, endurecida con la lluvia.

Revoleó los ojos buscando una excusa. Algo para convencerse o disuadirse.

Cimas e hipogeos, de golpe.

Pero la mirada siempre le volvió a la ventana.

Del otro lado de la calle se levantaba un edificio con un solo ventanal abierto. La

abertura arrojaba para afuera la negrura impenetrable de las luces apagadas. La

oscuridad era tan maciza que a Marcos no se le ocurrió por un instante que detrás de la

ventana pudiera haber algo vivo.

Felipe se sostenía de los barrales de la cuna como se sostienen los presos en los

dibujitos. Estaba fascinado. Del otro lado de la foto, un chico se preparaba para echarse

al agua. Iba y volvía, y daba vueltas como si temiera dar el salto.

Marcos se asomó a la cornisa, sacudió un pie de cordones desatados en el vacío y

dejó caer una zapatilla para que alguien lo descubriera. De lejos se veía como quien

prueba el agua con los dedos antes del piletazo. Felipe se rió con todo lo que tenía. Se

sintió identificado. Él también odiaba el agua fría. Y se rió más. Tendría que estar

durmiendo la siesta, y aunque poca noción tenía sobre todo lo demás, sabía, en su

mundo difuso, que no le estaba haciendo caso a mamá.

Marcos escuchó la risa. La ventana negra se le burlaba. Lo llamaba. Felipe le

cruzó la vista, pero la mirada de Marcos llegó sólo hasta el negro. Nunca le tocó los

ojos.

Se fueron acumulando los minutos, y Felipe se puso impaciente. Se le hicieron

pesados los brazos y se le ablandaron las novatas rodillas. El vigor era el capricho de un

cuerpo que aún no se acostumbraba a vivir.

Marcos hacía, mientras, el proceso inverso. Contaba los minutos que le quedaban

de impaciencia. Repasaba cada una de las baldosas de la terraza como un rey que hace

malabares para escapar del jaque. Estaba convencido de que la ventana ya no se reía, y

que, de alguna forma, eso era peor. Se supo plenamente solo, y no había para

acompañarlo ya siquiera la presencia mística de la oscuridad que le balbuceaba en algún

idioma inentendible.

Marcos se endureció, le echó una mirada a la pileta vacía y se hizo gravedad.

Del otro lado de la cortina negra nadie hubo para festejarle el clavado. Felipe se

había dormido.

Seleccionado de Honor - Walter Arturo Echave Cazon-Las personas y el aire son importantes.

 LAS PERSONAS Y EL AIRE SON IMPORTANTES

Amanecí con la noticia de que tomas mi abuelo al que cariñosamente le digo tommy,

remitió una carta a mi persona, él se encuentra actualmente en cuarentena y a decir verdad

no se encuentra nada bien, se negó en reiteradas ocasiones crearse un perfil en alguna

aplicación móvil, nunca entenderé la razón, pero las cartas que me envía tienen un afecto

especial y son mejor recibidas que los mensajes electrónicos convencionales de hoy en día.

Para Sofia

De tu abuelo

Entre los frondosos árboles situados a la orilla del rio Uspallata en Mendoza en el verano

de 1939 conocí a juan concluí ahora a mi edad avanzada, que es de las pocas personas a las

que les debo algo, por no decir la única, la forma en la que entablamos una conversación

fue la más natural posible y muy distinta al protocolo que demanda conocer a alguien hoy

en día, éramos tan solo unos niños y en esa actualidad éramos tan libres dado que a esa

edad tenía un trabajo de medio tiempo y no me quejo por ello yo simplemente quería

trabajar.

Mendoza 1939

Era un año complicado de entender y más complicado aun para alguien de mi edad en ese

entonces tenía poco menos de 14 años mi padre era abogado y mi madre se dedicaba al

cuidado de mí y de mis hermanos pero debo acotar que era profesora de música pero

evitaba tomar un trabajo por mi causa, yo era más de cuidado, debido a que tenía una

insuficiencia respiratoria, cuando descubrieron mi enfermedad en Buenos Aires a la edad

de 3 años nos mudamos a Mendoza para que yo tuviera más afecto al oxigeno que

asimilaban mis pulmones y de cierta forma con mi vida, la cual no aceptaba alegremente,

el medico sostenía que los soldados norte americanos, entrenaban en cercanías al himalaya,

este entrenamiento mejoraba la distribución de oxígeno en el cuerpo es decir más oxígeno

en la sangre, a razón de ello para mi todos los veranos tenían una incesante y difícil

caminata hacia los andes poniendo a prueba mis pulmones, cada verano mi padre apuntaba

a llevarme a mayor altura que el año pasado y esto era seguido de dormir y pasar dos

semanas en el lugar elegido añadiendo cierto entrenamiento físico la verdad en ese

entonces odiaba la forma como me trataba mi padre, pero ahora le agradezco y lo extraño

mucho era una persona de pocas palabras pero me amaba bastante, mi madre al contrario

siempre me contaba sus historias una más conmovedora que la anterior, después de un

tiempo fui creciendo saludablemente y ella consiguió un trabajo en el colegio nacional de

Mendoza, en ese entonces Mendoza tenía un predominado y marcado crecimiento

impulsado en gran parte por una desgracia, En la noche del 20 de marzo de 1861 se

produjo un violento terremoto con epicentro en el radio céntrico de la ciudad justamente en

la actual plaza Pedro del Castillo, provocando múltiples derrumbes y casi la total

destrucción de la ciudad de Mendoza. A partir de ese momento la necesidad de levantar

una nueva ciudad se hizo presente en los mendocinos y en los principales actores políticos

en Argentina los cuales lanzaron medidas para que la crisis fuera más corta, empezaron a

otorgar beneficios a quienes apostaban por el crecimiento agrícola en Mendoza no cosas

gratis, pero llamativas, muchas de estas medidas atrajeron a extranjeros y connacionales

hacia esta ciudad la cual fue reconstruyéndose de forma acelerada e inteligente, la familia

de juan fue una de esas varias familias extranjeras, que se mudaron a Mendoza, en aquellos

años se iniciaba una apuesta hacia el mercado del vino cada vez más grande y en especial

en Mendoza que tenía características únicas para la producción de una gran variedad de

uvas y en volúmenes impresionantes, aun para mi es emotivo recordar esas primeras

hectáreas de uva en las que trabaje, plantadas de la mano del señor Emilio Herraiz, padre

de Juan el cual era dueño de la hacienda en la que yo casualmente trabajaba, básicamente

las miradas con juan se intercambiaban dentro de la hacienda, pero no fue hasta esa tarde a

kilómetros de la hacienda Herraiz donde pude conocer un poco más a juan, cuando me

saco del agua todo pálido, entre el percibir del golpeteo en mi pecho acompañado con el

sutil y cuidadoso beso de la vida, recuerdo escuchar claramente.

“Respira aun no es tu hora, el aire es importante, sabes debes respirarlo no te rindas”

Reaccione, pero mi disnea se notaba, él se quedó ahí conmigo esperando que volviera a

respirar normalmente, después de la forma más tranquila empezamos la conversación.

-Casi te mueres, bueno supongo que me debes la vida – manifestó juan

-yo creo que sí, pero en realidad solo pospusiste mi muerte– le respondí

- las personas y sus vidas breves o durables siempre importan, me lo repite mi padre cada

cierto tiempo y según yo las cosas duraderas son las más valiosas - me contesto

lo invite a mi casa, pero el no quiso ir, entonces empezamos a conversar hasta el ocaso,

principalmente de uvas y vino, su padre estaba de viaje la misión que tenía según él, era

traer el mejor Malbec español a Mendoza, al menos eso me dijo juan el cual estaba

preocupado y ocupado por sus hermanos menores y su madre, la cual estaba muy nerviosa

dado la situación en Europa de ese entonces, según él estar sentado en el rio dilucidaba su

mente de la preocupación, tenía tan solo 14 años y al escucharlo me parecía escuchar a mi

padre.

Esa noche hable con mis padres sobre la situación de juan, mi padre expuso que la única

manera de ingresar a España era por Portugal, me explico que había rumores de que la

guerra estaba a punto de acabar, pero no se sabía que papel tomaría Rusia, España y Japón

lo cual es verdaderamente desconcertante, mi madre me decía que hable con juan y que lo

mantenga ocupado en asuntos juveniles.

Al día siguiente en la hacienda había una reunión varios trabajadores murmuraban de que

un judío llegaría a ser el nuevo jefe y que la familia Herraiz se fue de la ciudad, traté de

buscar a juan por todo lado, lamentablemente no lo encontré.

Sabes Sofia yo aquella noche me imaginaba que juan seria mi mejor amigo puesto que

salvo mi vida, si eso no era indicio de una larga amistad no sabría decirte cual es.

Hoy con 82 años de edad y una vida bien vivida y ocupada me dispuse a buscar indicios de

mi viejo benefactor aquel que me dio la chance de respirar un poquito más de este aire tan

valioso y compartirlo con tantas personas importantes para mí, en anteriores años intente

de todo, pero esta vez me di la tarea de contratar a varios detectives tanto en Argentina

como en Italia, Francia y Alemania realmente gaste mucha guita en esto, Juan Herraiz

Troncosso vive en España, Valdepeñas al sur de Castilla, inicialmente me contacte con su

nieta los apellidos y la historia según el investigador fue triangulada por una reseña que

escribió ella, es decir una tarea de historia de un colegio de Madrid me guio hasta mi

amigo, al cual no invite ni un café por haberme salvado la vida, hoy 4/05/2020 me dieron

la noticia, que juan mediante su nieta creo un perfil en Facebook para comunicarse

conmigo y hoy te pido encarecidamente, Sofia hija mía crea mi perfil eh indícame como

usarlo.

Atento a tu respuesta tu abuelo tommy

1°Premio de Honor Poesia Italiano - Carla Barlese - Dell anima tu sei il mio caro Borgo.

 Dell’anima tu sei il mio caro Borgo.


(A Vitorchiano )


Già si avvertia nel colore più intenso della luce,

nella fragranza del gelsomino e delle rose

un dolce sentire di emozion presago

e nei cuori una strana frenesia.

Mai , mai ci saziavam d’estate.

della stagione dalle vermiglie gote

e fin dal mattino,

quando ancor brillava la rugiada,

si correa nei prati a perdifiato,

a rimirar delle formiche la pazienza,

il suggere dolce di operose api

e poi tuffarsi nelle bionde messi,

ove papaveri setosi e fiordalisi

omaggiavan secolari, dure fatiche.

All’imbrunire, al suon della campana

che dal pittoresco borgo nella valle si stendea,

su sbrecciati gradini a gustar succosi frutti

al sapor di sole e di refoli di vento.

E in ciotole di legno pan bagnato,

insaporito con nettare d’ulivo,

frammisto a foglie d’ odorosa menta.

Alla sera, sotto un ciel d’astri trapunto,

al lume di fiammelle vagabonde,

storie di dame , di cavalieri erranti,

di elfi e di folletti scombinati

e al suon della diletta, paterna voce

su un cuscino di stelle sogni soavi.

Dell’anima tu sei il mio caro Borgo,

parco dei sogni, meraviglia di richiami

al profumo d’infanzia e di magia

e or che in polverosi, algidi inverni

la vita scivola senza far rumore,

imbrigliata in conchiglie di memoria,

il cuor si strugge di straziante nostalgia.

2° Premio de Honor Maria Vittoria Massimo - Un dolce acervo ricordo

 UN DOLCE ACERVO RICORDO!


Conservo ancora
quell’acerva quantita’
di emozioni nel grembo...
di quei batuffoli di neve
che si congiungevano
come canto sacro
ai battiti di quel cuoricino...
il grande dono di una nuova vita...
una grande quantità di
due forze parallele che...
scorrevano fluidi
andavano oltre come
massa di progetti riservati
unicamente per lei...
oggi sono fiera,perché..
in quella nuova vita
c’è il profumo,la fragranza di
una natura spirituale...
sento ancora oggi covare
nel ventre i suoi battiti
uniti ai miei che...
mi fanno sentire
la pelle d’oca.



1° Premio de Honor Relato - italiano IVANO BAGLIONI -Un natale da ..Pionieri

 Breve premessa           


Tra tutti i Natali finora trascorsi ,  il preferito, il più ricco di emozioni è  proprio il primo nel Nyasaland, oggi Malawi ,  insieme ai  diletti genitori e a persone che col tempo ho apprezzato e ho amato. Spesso ripenso  alla mia Africa, un Continente da sempre nel cuore , dove  i “verdi “ , teneri anni sono incisi nel sorriso della gente, nella natura incontaminata, nei colori satinati dei tramonti, nei sapori speziati , nel profumo del the…  Ricordi  davvero preziosi  e struggenti, conforto ai miei giorni in questa terza parte della vita. 

  


UN  NATALE  DA … PIONIERI


  Partono i bastimenti  verso una nuova realtà e via via  ci allontanano dal  consueto mondo, da tutto ciò che è più caro. Siamo   nel primo decennio del dopoguerra , tempi difficili già d’allora e le bizzarre vicende della vita ci sottrassero all'emisfero settentrionale , per catapultarci  molto più a Sud.

 Dopo aver passato lo stretto canale di Suez, la nave inizia a  scivolare in direzione della culla dell’ umanità: l’Africa! 

L'emigrante, come un albero, può essere trapiantato, ma il rischio è innegabile, il tutto  non sempre riesce … necessita però andare avanti  con forza e con  coraggio in qualunque situazione; così una volta arrivati nella nuova terra, pochi giorni prima della Natività, senza indugio iniziammo i  preparativi.

  La nostra  casa si trovava  in una  piantagione da the - amministrata per anni da mio padre - lontana molte miglia da un centro abitato . Al momento, pure sprovvisti di un qualsiasi mezzo di trasporto !  Si prospettava pertanto un vero  e proprio Natale da... pionieri.

 Il contrasto con l'abituale atmosfera era  a dir poco eclatante, i nostri  stati d’animo vacillavano vorticosamente tra una benvenuta novità e una  costante tristezza , una  specie di nebbia stagnante che inumidiva il corpo e bagnava l'anima senza rinfrescarla.  

  Tutto da rielaborare , inventare  nei minimi particolari.    Ogni più piccola cosa che si presentasse diversa, apriva un dibattito  per far luce sulla possibile e migliore soluzione.

 I pensieri ovattavano le azioni, rallentando i movimenti, sempre più impacciati e incerti  causa la stressante afa ; gli stessi zampognari ci apparivano come spiriti vaganti, così lontani e impercettibili.     

Poi come un fulmine a ciel sereno scoppiò il primo , piccolo dramma ; trovare il perno dei festeggiamenti : l’ albero di Natale, il mitico abete! Questo punto focale sembrò destabilizzare tutta la famiglia. Si cercò un possibile sostituto nella vicina boscaglia, con una vegetazione del tutto  diversa  dalle   montagne  del reatino, le nostre amate radici da generazioni.

  Alberelli e solidi arbusti erano tutti  tondeggianti, niente che rammentasse la struttura appuntita di un abete ; necessitava farsene una ragione. Dopo ore, esausti, scegliemmo uno che permettesse di essere  potato in cima .     

 Mai e poi mai , potrò dimenticare l'espressione che assunse il volto di mia madre nel vederlo  !  Il triste alberello non era in grado di esprimere la sacralità a lui richiesta eppure sicuramente ne conteneva ancora di più,   ma  deviati da ataviche abitudini,  non eravamo in grado di cogliere l'essenza. Poi come anelli  di una catena, ogni problema  tirava in ballo un altro. Dolci e dolcetti trovarono degli improvvisi intralci, legati a stufe, farine e ingredienti vari.   

 Comunque ,    anche se rattristati dai ricordi,  si procedeva.   Ogni particolare  veniva osservato come un anomalo scherzo del destino; il nostro  morale: un'onda altissima che saliva, poi improvvisamente giù, togliendoci il respiro.


  Nel contempo,  ogni soluzione generava gioia e contentezza, allentando le tensioni accumulate.

        Con il presepio non andò meglio, specie per il soffice muschio ; sostituito  con foglie di banano e di the ; a conclusione però,  l’esotico risultato ci piacque molto. Ore a rimirarlo con soddisfazione.

Finalmente arrivò la  vigilia, dopo tante feste trascorse con decine di parenti, quella sera  solo noi tre. Mio padre cercava di tirarci su  con battute di spirito ma di nostalgia , impregnati  persino  i muri. Era davvero dura, a quei tempi non  internet e nemmeno un telefono! Per le notizie con i nostri cari solo lettere , delle volte passavano mesi  prima di avere la gioia di leggerne una. Ma il senso del dovere, dell’auto disciplina sovrastava su tutto, era la quotidiana legge della sopravvivenza . Non passava giorno che nelle nostre preghiere non ringraziassimo il Paese ospitante; oggi questi sentimenti  sono spesso sostituiti da discutibili leggi d’interesse e non da autentico amore verso il prossimo.


A un certo punto, nel silenzio assordante che ci circondava il rumore di un’auto; uscimmo di corsa  sulla veranda e ai nostri occhi uno spettacolo sorprendente .

  Alcuni rappresentanti della  comunità limitrofa, una decina , erano venuti a dare il benvenuto, a bordo di una vecchia camionetta.  

 A gesti e masticando alcune parole d’inglese, riuscimmo gioiosamente a comunicare.

Subito le donne iniziarono a tirar fuori dai cesti ogni ben di Dio. Su piatti di legno il chambo, prelibato e saporito pesce  del lago Malawi, contornato dalla cinangwa, una radice  simile alle patate dolci. Con le mani-non v’era nient’altro-  tutti a mangiare con autentico appetito e in allegria.

 Poi su foglie di banano dolci squisiti dai semi macinati del treculia, un’ anguria dura e fibrosa. Molte volte consumata ancora oggi, come piatto principale, per il suo alto potere nutritivo . 

Per bevanda , un estratto dai frutti del baobab, dal sapore intenso e aromatico. Al Piccolo Principe son sicuro , sarebbe piaciuto! E alla fine una sinfonia di frutta: papaia rossa, tangerini: un ibrido tra il mandarino e l’arancia, il masuko, somigliante al passion fruit e poi banane di varie dimensioni e colori e per i nostri occhi stupefatti, alcune addirittura fritte! In quella vigilia  assaggiammo per la prima volta la cucina esotica ma soprattutto scoprimmo il calore e la cordialità della gente del luogo. E’ proprio vero che dopo un buon pasto in simpatica compagnia , ci si sente meglio; infatti  il nostro umore era alle stelle e la nostalgia dell’Italia attutita , ora con più serenità al futuro in quella terra lontana.


 A mezzanotte in punto, il  gruppo intonò  “ Wihte Christmas” e ora a ben pensare , un paradosso! Bianco Natale … nel cuore dell’Africa.

 Ci unimmo anche noi,  profonda la commozione  e  letizia nei  cuori.  Nel buio assoluto, illuminato da un solo falò, iniziarono timidamente ad avvicinarsi, attratti dall’odore del cibo, i tre  cani, dei gattini e persino due scimmiette, eredità dell’amministratore precedente. Miei unici compagni di giochi nel periodo a venire; solo molto più tardi andai  al college.

 Con gli amici a quattro zampe il quadro ormai era  al completo . Dopo cena, ballammo al suono dei tamburi, tenendoci tutti per mano, simbolo di una novella fratellanza tra  due Continenti.

Il messaggio di pace e di buona volontà  del S. Natale  in un punto infinitesimale del pianeta,  si era  per incanto avverato.!